Se perdió con tristeza en los ojos de su pequeña hija
recién nacida, comprendió que tenia todo un mundo por ver, desde una noche estrellada hasta el hombre de su vida, y se dio cuenta entonces del error que
cometía. Pero era demasiado tarde, las dos heridas se esforzaban por vaciar la sangre de sus venas para teñir de rojo el agua
cálida de la tina. Con la ropa empapada se dijo
adiós en un mundo que giraba en sentido contrario.
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