Vivíamos en cuevas. Éramos changos y de pronto pensábamos y lo único que conocíamos era la recolección de frutos y la caza de animales grasosos. No había mucha higiene pero la mierda siempre ha olido a mierda. Me imagino que al menos cagábamos lejos de donde dormíamos. Yo sigo miando el colchón así que sobre la orina no estoy muy seguro. Era un vida idílica. Viajando de aquí para allá según las estaciones. Con una infancia al aire libre y sin televisión. Hacíamos lo que queríamos cuando nos daba la gana y si no nos moríamos de hambre. Confiábamos en nuestro instinto a tal punto que cuando las mujeres se iban a cagar nosotros los hombres aprovechábamos para violarlas. No había amor, no había novios, ni esposos, ni divorcios. Nuestras relaciones amorosas se limitaban a las violaciones en grupo, y eso, señoras y señoras, fue la mejor época de la humanidad. Las mujeres parían sobre la tierra y cortaban el cordón umbilical a mordidas. Sí el macho alfa de la manada andaba muy urgido, o si la mamá le parecía muy guapa, mataba al bebé a pedradas para seguir cogiendo con la chica en cuestión. Por aquel entonces no había rampas para discapacitados ni anteojos para los miopes: era la ley del más fuerte. Sobrevivíamos a base de raspones y sangre. La vida no era fácil. Había frío y algunas veces hambre. Demasiada hambre. Teníamos los cuerpos esqueléticos y moríamos a los quince años. Los más viejos celebraban los veinte haciendo nada por que seguramente ni siquiera nos acordábamos de la fecha en que una vagina velluda y hedionda nos había escupido al mundo. Lo único que teníamos eran nuestro viajes siguiendo al sol y a la comida. Huíamos del invierno y de la sed. En el camino aprendimos a construir flechas y cuchillos de piedra. Todavía no habíamos inventado las tumbas así que abandonábamos a los hermanos caídos y seguíamos adelante. Algún tronco, algún paisaje en especial nos recordaba donde habían muertos esos amigos de antaño. Ese hombre viejo al que mamá trataba con especial cariño o el tipo de la historia increíble sobre como mató a un mamut antes de ser aplastado por su cuerpo inmenso. En algún punto comenzaron las tumbas. Yo creo que la primera vez que se enterró un cadáver fue por que estábamos acampando en un lugar cómodo y alguien había muerto cerca así que cuando empezó a apestar decidimos hacer un hoyo para esconderlo dentro. También fue así como surgió el primer fantasma. Esa es mi teoría. Nuestras almas estaban acostumbradas a vagar por los bosques y luego alguien enterró a alguien en un paraje clave para la ruta de regreso y al siguiente año ahí estaba el primer aparecido. Supongo que salieron cazar. Había gente nueva, las mujeres se quedaron a cuidar a los niños y de pronto en la noche alguien escuchó pasos afuera. Fue a ver que pasaba y se encontró con que un tipo que había muerto un año atrás seguía vagando muerto por las noches, molestando a los vivos con su presencia oscura, eterno recordatorio de que la vida tiene un precio.
Pedagogía patriarcal aplicada
Hace 7 meses

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