
Supongo que las más grandes películas son aquellas de las que no esperas nada (y también pasa con las personas, los libros, la música, etc.).
Desde que tengo memoria el cine de “autor” me ha causado un especie de miedo combinado con hueva. Para mi eran (o son) películas lentas, tediosas, donde no pasa nada y a las cuales obligatoriamente hay que admirar. Algo así como un sinónimo de ir a misa (católica, apostólica, romana). Mi paso por ese cine ha sido esporádico. Explorando con miedo películas como “El color del paraíso”, “Las cuatro estaciones”, “Fresas Salvajes”, “Los siete sellos”. En todas requirió de cierto esfuerzo, unas más, otras menos, y aunque logro apreciar su calidad artística (disque), por momentos me perturba la idea de que no son sino un acto de egoísmo, de banal autocomplacencia por parte de los directores. Un pacto entre los llamados “intelectuales” y los aclamados directores para diferenciarse de la iletrada plebe que representamos los mundanos seres criados por Televisa (o MTV en el mejor de los casos) que no logran comprender la maestría de estas películas ( y sí, ya se que a mi me gustaron las películas de Carlos Reygadas, pero son otro pedo si las comparas con “Los Siete sellos”, de la que no entendí nada; las del Charlie son más cercanas y su trama se entiende, así subrayado por que para nada abusa del uso de símbolos, sino que simplifica).
A mi entender, entraba en esta categoría el afamado español Luis Buñuel. Por ende mi único acercamiento a su cine había sido el reestreno de “Los olvidados”. Película que me pareció muy buena por su compromiso como crítica social, pero que no hacia sino reproducir una alarmante realidad que en su tiempo era ignorada.
Pero hoy me lleve una gran sorpresa cuando termine de ver “Nazarín”. Nada de planos lentos y tramas enmarañadas en un barroco simbolismo, casi todo lo contrario. La grandeza de la película radica en la sencillez de su premisa: ¿puede un hombre actuar siempre de acuerdo al bien?.
Ubicada en México a principios del siglo XX, la película cuenta la historia del humilde padre Nazarín, y de cómo su apego a Cristo lo envuelve en un trágico destino, similar al del propio Mesías. Así “Nazarín” propone que el bien es un concepto al que se engrandece erróneamente, ya que irremediablemente termina complementando al mal.
Al final Buñuel se hace participe de una mordaz crítica hacia el simplismo católico y nos deja una gran película para la posteridad.
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El otro día fui a la Ghandi por un mandado y pues como es costumbre me eché mi vuelta pa ver que encontraba. En la sección de Literatura Latinoamericana di con una novela corta que comencé a hojear y que simplemente no pude dejar de leer. La compre y esa misma noche la termine.
“Temporada de caza para el león negro” es una novela minima estructurada a base de pequeños párrafos que van contando una misma historia desde diferentes vertientes o episodios, como flashbacks revueltos en el tiempo.
La trama es simple: Golo es un dios de la pintura contemporánea, un artista innato que no sabe gran cosa más que pintar. Un inculto a los ojos de su amante homosexual, quien es el narrador de esta historia, y con el cual comparte vicios y tragedias.
Tryno Maldonado cuenta finalmente una historia simple sobre el frío mundo del arte en tiempos de lo banal. Un relato que lleva al lector por un recorrido vertiginoso para convertirlo en el morboso testigo de un desamor.
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Se me olvido lo que iba a poner aquí.
8=====================================D – influenza

3 comentarios:
Regresaste a contagiarnooooos!!!!!
¡No mames! quiero ver esa de Buñuel, a mi parecer, su mejorcita mejor es Viridiana, yo creo del mismo nivel Nazarín a lo que leí.
Aunque te de huevis, tienes que ver "Hierro 3", es de Kim Ki Duk, el mismo de las estaciones de la vida. Nada que ver una con la otra ;)
coincido en dos puntos. Nazarín es una maravilla, y también creo que el cine malamente llamado "de autor" es un cine completamente egoista, y creo también que ahí radica su valor como arte, por el sentido de la búsqueda de almas afines que sientan lo mismo que aquellos planos lentos y barrocos simbolismos nos quieran decir. El sentimiento más allá de la razón.
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