lunes, 20 de octubre de 2008

Cae la noche en Poconichim para demostrar su verdadera oscuridad


Y uno queda en el olvido del tiempo, rodeado por la penumbra, cobijado por el olor a tierra y el frío húmedo de la sierra.


No existe ruido que te distraiga del susurro que habla tu patria en su versión más nítida, en su voz más clara. Interrumpido de vez en cuando por las palabras mayas y las risas de sus hijos más antiguos, recios combatientes de la necedad occidental por destruirlo todo.

Y uno duerme a solas. Sin coches, ni aviones, ni cuevas de concreto. Lejos de esas cicatrices gangrenadas que se extienden por el firmamento y que llaman ciudades.


Nada ficticio.
Solo tú y tu cama de madera y afuera el murmuro de la noche chiapaneca.

3 comentarios:

saRa Mandarina dijo...

¡Grrrrr!
Ahora sí entendí y me gustó mucho mucho.
Qué bonito te quedó.

Anónimo dijo...

...lengua materna, murmullo ancestral, escuchaste su canto cristobal nonato,
del cordón umbilical al centro mismo de la raza,
sólo estás recordando.


Inconcluso y dedicado a ti:
Mor

Anónimo dijo...

Ya esperaba una nueva publicacion tuya, y mas una de tus cronicas chiapanecas.

Me gusto mucho.
=)