Nuevo Yibeljo de Noche
Todo era tan verde en Chiapas que me cambió el color de los ojos y no es choro. Se volvieron de un café más verdoso/claro aunque no me crean. Mi teoría es que es una señal de que ese viaje así tenia que suceder, que estaba predispuesto. Es como mi teoría de los Dejavus: que no son sino como boyas de la vida que indican que vas por buen camino, si pasas mucho tiempo sin tener uno es que te desviaste.
De se viaje hay mucho que contar pero lo que más recuerdo es un niño y un momento.
Después de visitar a un compilla de Monterrey que conocimos ahí mismo (otro Cachlan que se encontraba de paso en Nuevo Yibeljo con una familia Tsótzil que lo había adoptado como propio), caminamos de regreso hacia la casa de concreto semi abandonada en que dormíamos a un lado del único camino de tierra que cruzaba la comunidad. El cielo era tan claro, nítidas todas las estrellas y en medio del cerro solo había un foco por cada choza, las cuales estaban distribuidas a más de treinta metro entre una y otra en medio de la inmensidad del bosque, y no eran más de 20. Así que era mayor la oscuridad que transformaba la luna llena en un juego de penumbras, sombras más obscuras que otras, interrumpidas por las luces encendidas entre los arboles anunciando que una familia dormía tranquilamente en ese lugar.
El único ruido era el de un lejano hilar, una de las principales actividades económica de aquel lugar, seguramente un pedido debía de estar para el otro día y supongo los miembros de la familia se turnaron dicha actividad a fin de tenerlo listo a primera hora de la mañana (era un medio de sacar algo extra, desde los más pequeños hasta la mamá ayudaban en el proceso en que el hilo era comprado, pintado, hecho tela y en algunos casos confeccionado en vistosos trajes artesanales). Y entre toda aquella oscuridad, penumbras, luces, estrellas y focos lejanos, solo se escuchaba el ir y venir de la madera entretejiendo y el pasar de un río que con su fresco canto acurrucaba a todos. Como diez minutos me quede absorto en todo lo que veía, olía y sentía. Aquel lugar era tan diferente a mi La Paz que era increíble pensar que se trataba del mismo país y sin embargo lo era.
Del niño luego les cuento que se me esta quemando el café.

4 comentarios:
Me gustó machín la descripción de las cosas (me acordé de mi propia experiencia en chiapas, muchas cosas parecidas), pero no sé qué pasó, si es mi compu o tus fotos, pero no pude verlas... A ver si mañana se dejan, las cabronas!
LM
Am, habian fotoss?
¿?
Yo tampoco las vi
=/
ni yo
sigo esperando la historia del niño.
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