martes, 22 de abril de 2008

Wacareando de morro

De niño era monaguillo, más por capricho de mis padres que por voluntad propia.
- ándale mijo, mira que bonito se ve tu hermano con la sotana, ándale que no te de pena, mira cuanto te aprecian, que no se qué.
Por que para esto mi hermano siempre era el primero en todo (y eso que es el menor). A TODO se quería meter el cabrón y luego ahí me llevaba entre las patas aunque no quisiera, por que mi mamá para todo aplicaba la misma cantaleta: y ándale mijo anímate, que no se qué, que mira tu hermano. Neta si hubiera terminado todo lo que empecé ahorita sería nadador/misionero/tenista/karateka/skato/maestro del solfeo y baterista de un grupo de jazz.
Por que yo pues siendo un buen hijo acababa diciendo que sí a todo. Luego mi hermano a la semana se salia y yo me quedaba en las clases del solfeo, en el Tae Kwan Do, de monaguillo, en la natación, etc, etc.

Entonces este suceso toma lugar cuando tenia diez años, en una iglesia de combonianos y en la misa de 10 (que según era la de los niños pero la única diferencia era que cantaban unas monjas que a la vez tocaban emosionadisimas la guitarra, y las pinches rucas amargadas que daban catecismo pasaban lista con una actitud nefasta, como nazis en un campo de concentración, felices de poner una falta por que así el siguiente sábado en el catecismo tendrían un pretexto para jalarle las orejas a los niños mientras se reían con una risa de bruja infernal (algo así como: JAJAJAJAJA!) (no se crean no eran tan crueles las maestras esas pero si pasaban lista con nefastez)).

Ese domingo cumplía años mi hermano y había rentado un local con alberca y cancha de fútbol rápido. Obviamente él no fue a misa, se quedó con mi mamá atendiendo la fiesta mientras mi papá casi me llevó a rastras a la Iglesia.

Ese día habíamos desayunado huevo revuelto con chorizo (ay ayay, putito) sin albur y neta no me sentía bien de la panza cuando llegamos. Pero mi padre terco: ándale mijo, yo se que te da pena pero anímate, mira queno se qué. Y yo pues como buen hijo me awante la incomodéz estomacal y monaguillé.

A media misa me empece a sentir muy mal. Estaba el padre dando su sermón frente a toda la Iglesia llena de morros y sus respectivos padres. A la derecha estábamos los monaguillos sentados, ocupando dos bancas largas. Entonces el que era el más grande, y que era así como que el jefe (vithe), me pregunta que si me siento mal. El wey estaba sentado atrás, entonces me volteo para decirle que sí, pero el sí se vuelve una wacara enorme que baña a mi compañero de al lado y todos se paran asustados, y todos en la Iglesia voltean a verme (incluso el padre) creando un silencio enorme e incomodo.

El monaguillo grande luego luego agarro el pedo y me lleva afuera, por algo era el jefe supongo, y un ruco tuvo que entrar a trapear mientras el padre siguió con su sermón, y el wey bañado de wacaras de huevo con chorizo se fue a cambiar de sotana. Mi jefe se salió y me llevó todo awitado al carro a que lo esperara por que como buen Católico quería terminar la misa. Y ahí me quede con mi sotana apestosa en una bolsa de plástico ya que tenia la obligación moral de lavarla en mi casa.

Y fue así como nunca volví a ir misa de 10.

Est post fue inspirado por la historia de los mocos

1 comentario:

Manolo Mojica dijo...

haha no me sabía la historia completa... ahora lo entiendo todo! TODO!