martes, 26 de diciembre de 2006

Un cuento (perdón por no saber poner acentos).


Atrapado en una vida autómata, "X" no para de preguntarse de que sirvió tanto esfuerzo si al final "Y" lo dejó. De alguna manera continua levantandose a las 5 de la mañana para poder hacerse unos huevos revueltos y café barato, desayunar agusto y bañarse. Tan ensimismado con las deudas y los pendientes de su empleo en una oficina del centro, no se da cuenta de que la gente del camión es siempre la misma.
Un día cualquiera esperando el camión (bajo un cielo azul rojiso vitcima del cambio de horario que pintaba todo de ese tono azuloso melancolico que anuncia el final de una peda o el tedioso comienzo de un día más) noto que una mujer de cabellera rubia y ondulante rompia la monotonia de su repetitiva vida. Por un momento penso que bien podria enamorarse de aquella belleza, como si al amor fuera algo programable, la mujer noto su mirada y la devolvio con una sonrisa. El brillo esmeralda de sus ojos y la elegancia de sus delgados labios pintados de un rojo destellante contrastaban con su palida piel, "X" sintió la mayor alegría en muchos días y devolvio la sonrisa, pero la chica volteó la cara y su sonrisa quedó anonima en el aire. Ella esperaba en la esquina a que el rojo del semaforo detuviera el tráfico para cruzar la calle. "X" no podía quitarle la mirada de encima, la chica comenzo a cruzar la calle y ya llevaba más de la mitad cuando un carro rojo le quito la vida. Sintió un vuelco en el corazón y observo con terror como aquella cabeñera era arrastrada varios metros pintando de sangre el asfalto. Corrió involuntariamente y se asomo debajo del carro, la chica con la cara ensangrentada mantuvo una mirada fija sin parpadeos, no respiraba y tenia media cara llena profundos raspones, su cuerpo maltrecho yacia apretado debajo del carro como una marioneta abandonada.
Después de aquel día "X" desperto de 5 años repetitivos, renuncio a su trabajo y regreso su pueblo junto mar. Nunca hablo del evento pero por siempre concidero que huyendo de la gran ciudad huiria del monstruo, y manejar por el malecón, acompañado de la bastedad del oceano, parecia darle la razón. Pero lentamente aquella grisasea criatura renacia debajo de su cama y con cada rugido, con cada día más parecido al anterior, "X" tomaba más.

2 comentarios:

hugo de anda dijo...

no le entendí al final. bebía mas, es eso?

Anónimo dijo...

A la verga con tu blog... Qué pedo con tus fantasías sexuales sádicas? Y qué pedo con Harry Potter... Qué sigue?? El Código Da Vinci?? No no... Qué decepción!