Amaneció nublado. Apenas cae una lluvia ligera. Las ciudad vacía con sus ventanas protegidas por una cruz de masking tape, el super a reventar y ese calor húmedo que antecede a la lluvia torrencial.
Los albergues se comienzan a llenar. La gente amarra sus cosas. Se abastece de agua y de comida. Las conversaciones tocan temas como el huracán Liza y sus mil muertos o el avión gringo que sobrevoló ayer la ciudad a la caza de uno de los huracanes más grandes de la historia. Hay un miedo velado en la mirada y todos saben que la noche será larga.
Es la antesala a la puta de Jimena. El huracán más grande que haya llegado a Baja California Sur. Los arroyos se van a reventar y abra ráfagas de 300 kilómetros por hora. El malecón será testigo de olas de hasta tres metros de altura.
El monstruo de viento y lluvia azotará Los Cabos al medio día y a La Paz durante la tarde. Sin embargo lo más fuerte pasará en la noche y al amanecer esta ciudad será otra.
Ojala lo muertos se cuenten solo con una mano.